Después de haber descansado toda las noche, después de haber
reposado la larga y dura semana, después de haber visto la cara de mi
profesor de edición de arte Manuel Magán cuando sacó un librito de su
sobre, el primero que puse en la cajita, una cajita que dulcemente
prepare para que pudiera deleitarse con mi pequeño tesoro.
Había
colocado ese libro el primero, quería ver su cara, su expresión,
intentar sondear el hierático rostro de mi amigo, quería escudriñar sus
sentimientos cuando abriera el maravilloso regalo para sus ojos que yo
le ofrecía.
Pasaba lentamente las hojas, tocando, oliendo,
sintiendo la dulce mano de mi amiga Sodi Gabriela que desde tierras
lejanas me ofrecía su dulce trabajo sutilmente envuelto en un halo de
magia y fantasía, de lejanos mundos por conquistar, de corazones
hambrientos. Era un mundo sin fronteras, un mundo abierto en el que las
distancias se habían reducido a un corto espacio de 10X10.
Pocas
horas después, ya de mañana, con la mirada relajada, con la mente
abierta a nuevas cuitas, me encuentro un mensaje de Cuernavaca (cuanto
evoca ese nombre.
Películas de western, que viéramos en nuestra juventud, de
grandes y verdes praderas, de suaves cabalgadas de caballos guiados por
sus jinetes). Que bonitas palabras, que ilusión contenida. Estaba
nuevamente en lo alto de la nube, en la luna azul que me envolvía desde
hacia varias semanas.
Gracias Sodi Gabriela por tus dulces y
emotivas palabras, gracias nuevamente por trasmitirme tan sutilmente tus
emociones y sobre todo gracias por incluirme en tu selecto grupo de
amigos.
JUAN ANTONIO SANCHEZ HERNANDEZ , (juanas) ESTE BLOG PASA A LA SIGUIENTE DIRECCIÓN http://1960juanas.blogspot.com.es/
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jueves, 27 de septiembre de 2012
LA LUNA LLENA
“El astrolabio es invención de los antiguos griegos pero se
olvidó en Europa y fueron los árabes quienes lo reintrodujeron en la
península Ibérica hacia el siglo XI. Desde ahí se extendió al resto de
Europa y a finales de la edad media y durante el renacimiento se uso
mucho………….”
Eran las palabras que mi padre, que me decía una noche en la playa de Tauro en Las Palmas de Gran Canarias, noche estrellada y arrullada por el constante romper de las olas a solo unos metros de nosotros, mirábamos extasiados una magnífica luna llena recién salida por el horizonte y sus plateados reflejos sobre el mar Atlántico. Fue entonces cuando me indicó donde estaba la estrella polar y la singular forma con que se orientaban los navegantes, según la posición de esta y sus estrellas cercanas (las guardas).
Casi cincuenta años después y situado mucho mas al norte, desde la ciudad de Granada, volví a recordar con nostalgia aquellos breves momentos en los que nos dedicaba su tiempo, dándonos clases magistrales que ya nunca mas olvidaríamos.
Me quedé extasiado recordando aquel dulce momento, aquella paz junto a nuestro guardián, aquel olor a tabaco rancio que irradiaba mientras devoraba lentamente una colilla entre sus labios, dedicándonos esa sonrisa socarrona, la misma que fuera desapareciendo lenta pero inexorablemente hasta el final de sus días.
Era una enorme y redonda luna, maravillosa. Ya llevaba unos meses interesándome más por este astro, pues preparaba un libro de artista para intercambio con unos amigos.
Necesitaba conocer íntimamente el satélite, quería conocer como era, que sentimientos me despertaba para así poder transmitirlo yo al mundo por medio de unas imágenes ensambladas en mi libro.
Entre mis toscas manos llevaba un pequeño librito que me había llegado de México, era una pequeña y hermosa maravilla finamente encuadernada en la que ya por fuera se intuía que hermosas estampas iba a visualizar cuando abriera ese cuaderno de viaje. ¿Hasta donde me llevaría?, posiblemente tan lejos como quisiera, la Luna seria un buen destino. Verme a mi mismo volando, portando tan delicioso bagaje en mis manos. Me dejaba llevar por la nostalgia y la hermosura del momento.
En el interior de la obra veo el corazón de Gabriela Sodi, un corazón abierto de par en par sin miedo ni pudor, un corazón que ha sido capaz de compartir con todos, y para que veamos las rutas de la vida, las rutas del corazón, las rutas de su corazón, limpio y dulce.
Guardaré este libro con muchísimo cariño junto a las demás maravillas que aun me van llegando, Es una sensacional obra, no solo por la calidad técnica, sino por la sensibilidad que demuestra su autora a la que desde aquí agradezco tan sensible y profundo regalo. Un abrazo Sodi Gabriela.
Eran las palabras que mi padre, que me decía una noche en la playa de Tauro en Las Palmas de Gran Canarias, noche estrellada y arrullada por el constante romper de las olas a solo unos metros de nosotros, mirábamos extasiados una magnífica luna llena recién salida por el horizonte y sus plateados reflejos sobre el mar Atlántico. Fue entonces cuando me indicó donde estaba la estrella polar y la singular forma con que se orientaban los navegantes, según la posición de esta y sus estrellas cercanas (las guardas).
Casi cincuenta años después y situado mucho mas al norte, desde la ciudad de Granada, volví a recordar con nostalgia aquellos breves momentos en los que nos dedicaba su tiempo, dándonos clases magistrales que ya nunca mas olvidaríamos.
Me quedé extasiado recordando aquel dulce momento, aquella paz junto a nuestro guardián, aquel olor a tabaco rancio que irradiaba mientras devoraba lentamente una colilla entre sus labios, dedicándonos esa sonrisa socarrona, la misma que fuera desapareciendo lenta pero inexorablemente hasta el final de sus días.
Era una enorme y redonda luna, maravillosa. Ya llevaba unos meses interesándome más por este astro, pues preparaba un libro de artista para intercambio con unos amigos.
Necesitaba conocer íntimamente el satélite, quería conocer como era, que sentimientos me despertaba para así poder transmitirlo yo al mundo por medio de unas imágenes ensambladas en mi libro.
Entre mis toscas manos llevaba un pequeño librito que me había llegado de México, era una pequeña y hermosa maravilla finamente encuadernada en la que ya por fuera se intuía que hermosas estampas iba a visualizar cuando abriera ese cuaderno de viaje. ¿Hasta donde me llevaría?, posiblemente tan lejos como quisiera, la Luna seria un buen destino. Verme a mi mismo volando, portando tan delicioso bagaje en mis manos. Me dejaba llevar por la nostalgia y la hermosura del momento.
En el interior de la obra veo el corazón de Gabriela Sodi, un corazón abierto de par en par sin miedo ni pudor, un corazón que ha sido capaz de compartir con todos, y para que veamos las rutas de la vida, las rutas del corazón, las rutas de su corazón, limpio y dulce.
Guardaré este libro con muchísimo cariño junto a las demás maravillas que aun me van llegando, Es una sensacional obra, no solo por la calidad técnica, sino por la sensibilidad que demuestra su autora a la que desde aquí agradezco tan sensible y profundo regalo. Un abrazo Sodi Gabriela.
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