Las Seis Suites para violonchelo solo de
Johann Sebastian Bach son algunas de las composiciones más frecuentemente
realizadas en solitario y reconocibles jamás escrita para este instrumento.
El Preludio, principalmente a base de
arpegios acordes, es probablemente el mejor conocido movimiento de todo el
conjunto de suites y es regularmente oído en la televisión y en las películas.
Como ejemplo de una muy impactante, me viene a la memoria “el pianista”, siendo
esta una adaptación de las memorias de Wladyslaw Szpilman, un brillante
pianista polaco de origen judío, que vive con su familia en Varsovia. Cuando,
en 1939, los alemanes invaden Polonia, consigue evitar la deportación gracias a
la ayuda de algunos amigos. Pero tendrá que vivir escondido y completamente
aislado durante mucho tiempo, y para sobrevivir tendrá que afrontar constantes
peligros.
Espléndida película en la que Polanski
ambienta con admirable realismo el guetto de Varsovia y reconstruye con
hermosura el espanto del holocausto. Para darle fuerza y realismo, resalta las
interpretaciones del piano de este artista, En la mitad de la película se puede
apreciar en la banda sonora la Suite Nº 1 para violonchelo en sol mayor (BWV
1007), de J. S. Bach.
Nuevamente escuchando Les Introuvables de
Jacqueline du Pré, me vienen a la memoria recuerdos, unos mas intensos que
otros, pero todos muy lejanos, me remonto ocho años atrás, donde comenzó todo.
Estudiaba nuevamente en La Escuela de Arte de Granada, habían pasado más de veinte años de la primera vez que entré a
estudiar en ella, en aquellos años hice un monográfico de talla en piedra, y
fue mi primer contacto con la educación reglada en arte, aunque llevaba ya unos
años creando e intentando vivir de ello, sin fortuna como es lógico.
Era el año 2004 y estaba matriculado en
“cerámica artística”, el curso era muy denso, pues eran seis horas diarias
cinco días a la semana, como ahora, pero en aquel tiempo no sabía lo intenso y
duro que podría llegar a resultar, con lo que a mitad de curso abandoné,
terminando sólo el taller y la asignatura de volumen.
Quedé tan emocionado e impactado por todo lo que vi y aprendí allí
con mis profesores Concha y Adolfo que en paz descanse, que luego estuve unos
años haciendo esculturas de pequeño tamaño en mi casa.
Aquella época la recuerdo con mucho cariño,
el comedor de mi casa convertido en taller, como casi siempre por otra parte,
allí preparaba los armazones de las piezas, pintaba, fabricaba mi pasta de
papel, fabricaba e investigaba sobre endurecedores y texturizadores, sobre todo
tipo de imprimaciones y pinturas para terminar mis piezas y esconder el origen
humilde de su alma.
Realicé varias piezas, siempre buscando que
sus proporciones fueran adecuadas, estudiando la obra desde muchos puntos de
vista, cambiando mi posición y la luz constantemente, analizando cada
intervención concienzudamente, era una actividad que me reconfortaba
sobremanera y eso me hacía muy feliz. Realmente aproveché aquellos meses mucho,
y así estuve aproximadamente unos dos años, de los cuales no sólo tengo buenos
recuerdos en mi memoria, sino que también poseo un puñado de obras con muy
diversas terminaciones y formas; todo un ejercito de figuras y objetos varios,
y alguno de ellos de mayor envergadura que yo, cosa que tampoco es muy difícil
de conseguir, debido a mi baja estatura.
Hoy volviendo a escuchar la “Suite n º 1 en
sol mayor, BWV 1007” Johann Sebastian Bach, me viene a la memoria una bonita
historia sobre una de las piezas que creé en aquella etapa de mi vida. No he
vuelto a hacer esculturas desde entonces, sólo unos pequeños relieves para
hacer tapas de libros de artista y varias piezas de terracota en mi clase de
volumen, nuevamente con Concha, cuando estudié el fatídico módulo de Grabado y
Estampación.
Jacqueline du Pré, ella fue quien me
inspiró este “bulto redondo”, y me ha vuelto a dar ese soplo de aire para darme
valor y así poder recrearos la atmósfera y todo el halo que rodeó aquel momento
en la que comencé a plantarme en mi mente aquella obra.
En una noche cualquiera, viendo en la
televisión alguna película, o mejor dicho, mirando el conjunto de luz y color
que ponían en aquel momento, digo mirando, porque realmente no suelo enterarme
de que va casi nada de lo que pasa frente a mis ojos, aprovecho esos momentos
para volar por mis mundos mientras estoy recostado en el sofá con una copa en
la mano. Veo pasar un cuadro en movimiento, me gusta observar el conjunto de
toda la obra, el flujo animado que imprime el cámara a cada fotograma, el
encuadre o la falta de este, apenas si oigo de fondo el murmullo de los
personajes. Es mi forma de meditar, de imbuirme en mi mismo, y lo hago además
de entre otras muchas formas frente a la televisión, esa caja que me brinda
instantes de sosiego y relax al final del día, una forma diferente de liberar
mis musas y hacer que bailen para mí una vez más.
Estábamos viendo la película “un genio en
la familia”, en el cual el director Anand Tucker se basó para realizar el filme
Hilary y Jackie (1998), protagonizado respectivamente por Rachel Griffiths y
Emily Watson. Esta obra me hizo meditar mucho durante varios días y así finalmente
decidí hacer esta obra para recordar, y de algún modo hacer un homenaje a esta
gran mujer, que comenzó siendo una niña prodigio y virtuosa violonchelista,
espíritu inquieto y alma atormentada, Jacqueline du Pré conoció la fama y
también la tragedia. Una esclerosis múltiple frenó su floreciente carrera
cuando sólo tenía 28 años y, tras vivir recluida en una silla de ruedas, murió
finalmente en 1987, a los 42.
EPILOGO
Ocho años después, un escultor, Vicente, que
es compañero de la Escuela, está construyendo un violín de forja y es por lo
que al ver el trabajo de este lutier recordé aquellos años y decidí escribir
este relato. Al documentarme, para darle la veracidad que busco en todas mis
reflexiones, me encuentro que esta película esta basada en un libro que
escribieron su hermana Hilary y su hermano Piers.
Esta historia empaña la figura de esta
leyenda de la música y la retratan como una mujer perturbada y peligrosa a causa de la biografía de su familia.
La
hermana de Jacqueline, Hilary, se casó con el director orquestal Christopher
"Kiffer" Finzi, con el que Jacqueline tuvo anteriormente una relación
sentimental. Esta relación fue llevada con el consentimiento de Hilary, como
una manera de poder ayudar a Jacqueline, que en ese entonces estaba deprimida y
tenía comportamientos suicidas.
En 1999, los hijos de Kiffer y Hilary
criticaron públicamente el comportamiento de su madre y presentaron una versión
diferente a los hechos, según la cual su padre sedujo a su tía en un momento
vulnerable con el fin de adular su propio ego.
Su cello Stradivarius Davidov 1712 fue
adquirido por poco más de un millón de libras por la Fundación Vuitton, que lo
dejó en préstamo al cellista Yo-Yo Ma.
Chelo de papel maché y cartón, texturizado con gesso y
pintura al óleo. Pintado en color negro sobre pintura roja. Recubierto con
barniz cerámico transparente. En su interior hay dos estrellas fosforescentes. Las
cuerdas son textiles. Adornos de cobre batido y madreperla, todo ello embutido
y barnizado. Medidas: alto 1,46 cm, ancho 0,64cm. y 0,40 cm. de profundidad. Tiene
una excelente sonoridad al ser pulsadas sus cuerdas.
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