El aire era limpio a pesar de estar en pleno Agosto, un calor aplastante
caía sobre la ciudad de la Alhambra, la única humedad que había la
llevaba yo pegada a mi camiseta, amplias manchas de sudor, paseaba por
la Alcaicería.
La Alcaicería es un barrio típico de la cultura
musulmana, formado por estrechas callejuelas en torno a las cuales se
alineaban las casas y se ubicaba el zoco o el mercado donde se fabricaba
y vendía la seda. El Gran Bazar de Granada se extendía desde Plaza
Nueva hasta la Plaza Bibarrambla, en el mismo núcleo de la medina
islámica, cerca de la mezquita aljama. El origen del nombre árabe es
latino. Cuando el Emperador Justiniano cedió a los árabes el derecho de
vender la seda, éstos le expresaron su gratitud llamando a todos los
bazares al-Kaysar-ia, o sea, "el lugar del César"En el bazar, además de
las tiendas, se podían encontrar fondas para que los comerciantes se
alojaran durante sus estancias. Estaba protegido a modo de ciudadela,
mediante casa-muro: un cuadrilátero con frentes al Zacatín (Saqqâtîn o
calle de los ropavejeros), Tinte (Darbalcata o calle de los tinteros),
Oficios y Bibarrambla, provisto de nueve puertas que daban acceso al
zoco, las cuales se cerraban durante toda la noche, impidiendo así el
paso, y guardas vigilaban las calles interiores.
Habían
terminado las vacaciones, ya pronto empezarían las clases y deseaba
dibujar, seguir llenando aquella libreta que comprara en Madrid y que ya
había encuadernado con bonitas pieles cosidas a mano.
Esa
catedral, que tanto miro y admiro me entusiasmaba tanto como la temía,
si fuera capaz de hacer al menos un bocetillo, me sentiría feliz, ya
había hecho algún pequeño dibujo de detalles arquitectónicos de su
fachada, es increíble cuanto puedes aprender de algo por el simple hecho
de intentar dibujarlo, ves tantísimas cosas que nunca antes te habías
fijado, es increíblemente bello el desafío.
Después de dar
varias vueltas por la plaza de las Pasiegas a los pies de la hermosa
estructura me dispuse a sentarme justo enfrente de ella, estaba en el
zócalo de una tienda de ropa y complementos para niños, mi espalda
pegada al escaparate y mis lapiceros en el suelo dispuesto todo para que
lo que estaba viendo pasara de alguna manera a mi papel, a mi pequeño
cuaderno de apuntes.
Ya desafiando las leyes del pundonor y la
cordura empecé a trazar las primeras líneas de trabajo, a medir
distancias, a recortar la pequeña ventana que intentaba reproducir
modestamente. Difícil y ardua fue la tarea, como podía encajar tantos
elementos en tan poco espacio, aprendiz de dibujante que quiere meter un
todo en un poco, no aprendo, en casa siempre intento plasmar
sensaciones, momentos hacer sentir al otro esa punzada de dolor de
interés por lo que esta viendo, pero cuando trabajo a pie de campo me
convierto en otra persona, lo quiero tomar todo, y claro luego resulta
que me queda sumamente abarrotado excesivamente recompuesto, sobado por
tantas pasadas en la calle, mojado por el sudor y el roce de las propias
hojas unas con otras en el deambular diario buscando localizaciones.
No fue tarea fácil, una semana tardé en terminar el proyecto, se
parecía en algo a alguna cosa, fui parte de ese escaparate donde
tantísimos viandantes se paraban a mirar los complementos de Hello
Kitty. Bueno también se pararon algunas personas a ver mi trabajo,
incluso me fotografiaron varios, aún no estaba acostumbrado a eso, ya
incluso me gusta y poso para ellos. Dos japonesas me pidieron sentarse a
mi lado a ver como dibujaba, ¿que curioso verdad? Entonces una de ella
me dijo que me conocía, que sabia que me gustaba mucho dibujar y que
visitaba de vez en cuando la ciudad y me había visto en diferentes
lugares haciéndolo. Supongo que se confundiría con algún artista, no
creo que nadie se fije en mis bocetillos pensaba yo.
En el
siguiente verano en que mi suegra estaba ya muy mal y no salimos de la
ciudad, dibujé muchísimo, o al menos lo intentaba y fue cuando mas he
disfrutado de mi afición, en muchas ocasiones se arremolinaban los
viandantes a ver mi trabajo, a que les comentara cosas de ellos, pedirme
mi dirección, tuve varias ofertas de compra, pero sobre todo era el
interés de fotografiarme con mis bocetos, ya ni me molestaba cuando me
pedían”nex”. Así que ya soy un dibujante callejero universal.
Un
día se acerco un muchacho a preguntarme por mi obra, le enseñé algo,
pues realmente no me gusta mostrarla mucho y según a quien claro, son
solo bocetos replico a veces malhumorado. Al rato volvió a ofrecerme que
le diseñara la carátula de una CD para una maqueta que estaba grabando
de hip hop, nunca me ha escrito después, pero fue bonito el encuentro.
En estas tardes tórridas ha habido de todo, aún recuerdo a una
pareja que de lejos miraba desde detrás de mi y les invite a acercarse,
el hombre no hablo, pero ella, ella si que hablo, me disecciono mi obra
mi libreta, quiso ver todo mi trabajo, quería ver mis retratos, ya le
comente que en la libreta solo tenia algunas cosillas, comentaba el
trazo, señalaba el como. Destrozaba mis líneas de proyección, criticó mi
perspectiva y con razón claro, pero sin conocerme me dijo,” chico tu
las líneas las tomas a tu libre albedrío”, a lo que le conteste que como
podía hacerlo mejor en medio de la calle, sentado en el suelo sin
regla, que tenia que tomarlo como era un apunte de campo. Después de
todo ello quiso comprarme algo, insistió varias veces después de repasar
todos y cada uno de mis dibujos, ya finalmente me decidí a darle mi
tarjeta para que se pusiera en contacto conmigo mas adelante, pues
estaban de paso, eran de Almería, una provincia que esta pegada a
Granada. Su nombre era Pilar, quedé muy impresionado, una de sus frases
fue, no te infravalores, después de repetirme hasta la saciedad mi falta
de rigor en la geometría a lo que yo respondía que solo eran bocetos.
También al ver mis creaciones, que es con lo que yo disfruto, me dijo
“chico cuanto sufres, cuanto has sufrido, debe costarte muchísimo
levantarte cada mañana.”
Después de despedirnos dibuje poco
mas, me quedé reflexionando más de lo habitual y no solo porque aun me
duraban los efluvios de unas cuantas copas que había tomado ese día
después de la comida. Recogí todo y fui a ver a un pintor que estaba
trabajando dos calles mas abajo, es profesor de la Facultad de Bellas
Artes de Granada, su nombre es Juan Pedraza, estuvimos hablando un rato y
le comente algo de lo que me había pasado. Siempre quería ver que había
dibujado, me resultaba embarazoso, pero no podía negarme, se lo enseñé y
ya aproveche para comentarle una perspectiva que al parecer estaba mas,
a lo que me replicó que no, bueno las verdad no lo se. Pero lo que si
es cierto es que intenté rehacer todo el estudio y lo colgué en mi
página aludiéndola a ella, para que cuando lo viera se acordara de
nuestra conversación, es mas ella me preguntó que como la recordaría
cuando me escribiera que esto sería en el mes de Septiembre, ya ha
pasado casi un año….
Aquí termina una tarde mas entre vapores de alcohol y sueños perdidos. Muchas gracias por leerm

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