Eran las diez de la mañana del día seis de Enero., Había visto
todos mis regalos y los de mis hermanos, incluso había intentado jugar a
algo sin conseguirlo por la intensidad del momento, todo eran risas y
alegría, pero ya estaba notando el desasosiego propio de la bajada de
adrenalina tan fuerte que sentía siempre aquel día tan especial, tan
deseado y soñado. Estaba sentado en el suelo, ya un poco retirado de los
juguetes de los papeles arrugados, incluso de los caramelos
multicolores que salían de los zapatos.
Era una sensación que ya conocía y no me gustaba nada, pues sabía
que pronto me encontraría en la caida libre esa tan desconcertante y
trágica a la que me enfrentaría ya por el resto de mi vida y por
diferentes circunstancias, unas internas ( las mas) y otras por
circunstancias que no podía controlar. En aquel momento ya terminaba
todo, desaparecía la ilusión, notaba que se me escapaba algo importante
que portaba dentro de mi y que ya nunca recobraría, este trágico
desenlace seria la sombra que acompañaría a este ser miserable durante
el resto de sus días. Ya ni la famosa sonrisa falsa podía esconder la
fría y calculadora mirada del monstruo que crecía en su interior y que
se asomaba cada cuanto a ver los destrozos que iba dejando a su paso.
No era Enero, pero también hacia mucho frío, no era el día de
los Reyes Magos, pero había sido agraciado con una muestra de amistad
desde tierras lejanas, desde el país del mate y el tango, entre bailes y
sonrisas me llegaba un presente digno de dioses que amargara al
monstruo que habita en mi interior, este un librito que entre dobleces,
tal y como era su receptor se podía ver desde distintas formas, ¡que
bien! Pensé, así siempre se puede adaptar en forma y lugar a mi
personalidad.
Este libro, laberinto sinuoso que te atrapa y te hace sentir
dulce y tierno, delicadamente te va introduciendo hacia su interior para
dedicarte solo una palabra ¡TE AMO!, si ¡TE AMO! pone, mientras que el
tren de la vida se aleja a gran velocidad entre risas y corazones rotos.
Es un libro realizado con una gran ternura y delicadeza que
quizás yo en este momento sea incapaz de interpretar. Esta ventana que
me brinda mi amiga Anahí Gentile me ha dejado sentir una suave brisa de
aire puro a mi ser.
Muchas gracias por tu obra y espero que sigas tan vital y profunda siempre. Un abrazo.
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