Era el atardecer de un plúmbeo otoño, paseando por mi querido Paseo
de los Tristes en Granada a la rivera del río Darro, en el valle
formado entre la majestuosa Alhambra a mi derecha y el Nazarí barrio del
Albaicín a mi izquierda me paré como siempre a ver a los juguetones
gatitos ya mas creciditos, pues estaban listos para pasar un duro
invierno, cuando descubrí algo que me llamó mucho la atención, algo
nuevo….
La distancia era corta, pero mi agudeza visual aún lo era mas,
así que con mi cansino andar me acerqué a una pared recién pintada, era
una tapia de alguna obra abandonada, resquicio de la ansia inmobiliaria
de tiempos atrás, parecía que aún estaba fresca la pintura, si, de hecho
aún había un bote de pintura en el suelo, fruto de alguna huida rápida
de los grafiteros a los que admiro mucho desde que tuve un compañero en
el módulo de grabado.
Me acerco, lo miro, me alejo nuevamente para verlo desde otro
ángulo y poder interpretar el mensaje aunque algo desvaído por mi
presbicia y veo que han aprovechado las protuberancias y defectos del
muro para dar más volumen y fuerza al trabajo, magnífico por cierto.
Me acerco y toco una protuberancia que me llamó la atención, era
cuadrada aproximadamente de 10cm.X 10cm. veo que tiene una letras hechas
como con esténcil, pero no era así realmente estaba estampada, que raro
pensé, además estaba la firma del autor, era algo como una aspa, no se
no veo bien. Asoma un hilito y tiro de el. Que susto, se vino conmigo
ese trocito de pared de tonos ocres y verdosos con las letras en azul.
Ya en mis manos comprendí que mi amigo Jacinto Lara desde la
ciudad de la Mezquita me dejaba este lindo presente en el lugar de mis
paseos habituales desde de vivo en esta bella ciudad.
Me siento en un banco junto al río calmo y limpio, oigo su
arrullo y lentamente abro mi pequeña fantasía desde el rojo corazón de
Jacinto parte un cordel uniendo cada página y traspasándolas como si de
un puñal se tratase hasta llegar al mío sito en la tapa final.
“LA CIUDAD QUE ME SUEÑA" Me susurra suavemente al oído, ciudad
que me ama y me odia, sentimientos tan encontrados como sublimes. Ciudad
que me estremece desde su luz hasta la sonoridad de las colmenas donde
habitamos.
Retazos de luz y color, trozos de la pared donde lo encontré,
jirones de piel y pintura en el obra de fuerte estructura industrial,
fruto de la deshumanización de la ciudad.
Hermosísimo libro, te felicito amigo. Un fuerte abrazo a todos.
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