Cuenta una leyenda sobre la puerta de la Justicia de la ciudad de
Granada .En la que se encuentra una llave en el arco interior y una mano
en el exterior, que: el día que la llave del arco interior de la Puerta
de la Justicia y la mano de su arco exterior se unan, es decir, si la
Alhambra cae, será por que ha llegado el fin del mundo.
Traspasando ese arco tras mi paseo por la recién descubierta ciudad como
estudiante y acompañado por mi amigo cordobés Eduardo Lama llegábamos a
una suave adoquinada y ultima cuesta de este precioso recinto, ya
estábamos en el interior de las murallas. Al mirar a mi alrededor vi que
estas estaban formadas por sillería en piedra, pero un tanto extraña,
pues estaban cortadas estas lozas en forma bastante larga para el poco
espesor que tenían, ya acercándome pude ver algo que parecía como
inscripciones. Rápidamente tuve la respuesta de boca de mi amigo.
Pausadamente, me explico: guanche (como el me llamaba) Isabel de
Castilla decidió reforzar la muralla que va desde la Puerta de la
Justicia a la Plaza de los Aljibes, y lo hizo con las lápidas del
cementerio real de la Alhambra. Hoy en día aún se pueden apreciar los
cantos de estos testigos marmóreos funerarios y como fueron dispuestas
en esta muralla de muerte.
La imagen de la famosa película la
Lista de Schindler, en la que aparecen los judíos pisando una especie de
carril construido con las lápidas de sus muertos tiene un reflejo
pasado en la Alhambra.
Estos largos paseos de primavera eran
preciosos, agua, mucha agua corría por las acequias, y el verde tan
profundo con que nos obsequiaba la naturaleza lo hacia todo mas
bucólico. Ya no recordaba aquellos días, pues han pasado mas de treinta
años, hasta que esta mañana al deshacer un pergamino que no se como
llego a mis manos, volví a ver la imagen, aquello fue como si un caballo
me hubiera pegado una gran coz en la cabeza.
Deshago el nudo de
mi arrugado y maltrecho rollo. Era como si después de muchos siglos
alguien volviera a abrirlo, crujía al intentar desdoblarlo para así
poder ver de qué se trataba aquello, mis manos temblaban, de su interior
caían hojas, revoloteaban pájaros por mi cabeza.
Esta piel era
de una textura similar a la de cocodrilo, pero en su interior se
encontraban esas inscripciones que ya viera en aquella ocasión por
primera vez y que siempre volvería tocar cada vez que volvía, pues ya
nunca mas abandone esta magnifica ciudad.
Las palabras que había
en el interior de este hermoso legajo pertenecía a un poeta que
recientemente había conocido, era Arturo Casciaro y que desde Inglaterra
me mandaba una hermosísima poesía en la que incorpora arte visual junto
con repeticiones en dos idiomas para recalcar la realidad que nos rodea
y nos exprime hasta la extenuación, al hacernos bailar el “baile de la
muerte”, adentrándonos así en la profunda reflexión en la que nos deja
tras volver a cerrar el manuscrito.
Encantador trabajo Arturo
Casciaro, me ha encantado tanto la factura, como el trasfondo. Muchas
gracias por haberme hecho disfrutar de tu creación. Un abrazo.
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