………………. Había puesto la música sin saber que había en reproductor
de CD. , me tumbe en la cama sin mas, solo retiré mis chanclas de una
patada, pues estaba cansado hecho jirones, pero feliz, había sido un
buen día, me quedaba poco para terminar de dibujar el hermoso edificio
que abre la calle Reyes Católicos esquina Gran vía de la ciudad de
Granada ( recuérdenme que os enseñe una foto), era un edificio
modernista bello muy emblemático, pero estaba cansado, llevaba mas de
una semana en ello, borraba mucho no avanzaba apenas, la temperatura muy
alta, pues comenzaba a las 5 de la tarde nunca marcaba el termómetro
menos de cuarenta grados, sudaba mucho, pero hacia pocos días que
comencé a ponerme camisetas diferentes cada día, de esas que yo mismo
pinto y nunca me pongo, pues como era tan fotografiado, se merecían una
imagen diferente cada día.
Me sentía bien después de cada larga jornada de trabajo, la
música invadía mi estancia era Shine On You Crazy Diamond, de Pink
Floyd, seguía escuchando con deleite la misma música con la que crecí.
Mi mirada perdida ( como siempre) y la mente en el aire flotaba,
recordaba comentarios, miradas furtivas de los viandantes, otra tarde
rodeado de turistas, pues en Granada en Agosto solo hay visitantes y así
yo podía estar tirado en el suelo tranquilamente sin que nadie me
conociera y pensara que era un pedigüeño mas.
El regocijo me inundaba mientras me invadía un sopor muy
profundo, aquella música me hizo ver un abanico multicolor de mariposas
que volaban sobre mi cabeza y estoy seguro que no solo era por algún
whisky que tomé antes de mi jornada de trabajo de campo. Estas
maravillosas y multicolores mariposas giraban sobre mi hasta sentirme yo
también muy etéreo, feliz y contento de ver como estos lepidópteros
venidos de México y gracias a la teoría del caos, con sus leves aleteos
estaban variando todas las condiciones iniciales con las que me
encontraba en el momento de verlas cobre mi cabeza.
Estos aleteos sublimes que me habían llegado gracias al buen
hacer de mi amiga Albertina Tafolla se habían escapado de una bonita
cajita de seda que las unía con finísimos hilos multicolores para que no
se perdieran con alguna ráfaga de viento. Son cientos, miles de
mariposas, no se cuantas, pues la verdad es que mi cabeza giraba y
giraba tras ellas. Que bonito que día me había regalado la vida.
Gracias Albertina Tafolla por tu obra tan delicada y por los
detallitos con que recreas todas tus obras, me encanta el arte textil,
de hecho estoy estudiándolo ahora y me siento muy feliz. Un abrazo a
todos.
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